"Hacemos más trabajo del que no se nota y menos del que aparenta"

Abubukaka estrena 'Mimos y tortas' en Café Siete

No hacen gala de formalidades ni de protocolos, más bien presumen de lo contrario. Pero sí tienen claro que al público hay que tratarlo de tú a tú, sin catalogarlo ni infravalorarlo. Mediante el mayor ejercicio de libertad, la sátira a través de la palabra, eso sí, a base de originalidad y seso, la compañía tinerfeña Abubukaka -o lo que es lo mismo, Carlos Pedrós, Diego Lupiáñez, Amanhuy Calayanes y Víctor Hubara- estrena este viernes 23 de mayo, a las 21:00 horas en Café Siete, el nuevo espectáculo 'Mimos y tortas' (y ya van … desde 'La peluca saltarina').

El empeño de salvar del anquilosamiento a la sociedad con ingenio tiene hueco en esta nueva propuesta irreverente, con la que Abubukaka mantiene el formato de mezclar sketches absurdos con verso, música en directo y sátira política para hablar de lo que pasa hoy en día: empleo o el uso de nuevas tecnologías, “con trucos de magia y un mimo muy conocido de Francia”.  Amanhuy Calayanes (Santa Cruz de Tenerife, 1979) nos desvela en esta entrevista la fórmula del humor en escena sutil, directo, joven, moderno, que hace pensar, es vanguardista y huye de lo zafio.

LAGENDA.- 'Mimos y tortas' es el título del espectáculo con el que esperan llenar este viernes el Café Siete. ¿Mimos para el público y tortas para...?

AMANHUY CALAYANES (ABUBUKAKA).- Pues para el privado. No, siempre mimamos a nuestro público y al que no es nuestro le dejamos que nos dé tortas. Pero se reciben con gusto porque después se sienten mal y se hacen de nuestro público. Por compasión caen imperios.

L.- Los espectáculos anteriores de Abubukaka cuentan con elementos propios e identificables: música en directo, versos, crítica social, personajes reconocibles, ironía, sátira, absurdidad y cutrez (según lo describen ustedes mismos). ¿Habrá innovación en este nuevo montaje?

A. C.- Pues la innovación consiste en nuestro nuevo elemento cutre 2.0. Pensamos que la anterior versión ya estaba desclasada y dijimos: “Vamos a presentar el nuevo producto en la casa que nos vio nacer”. Lo que pasa es que nos liamos, como siempre, y al final va a ser todo muy parecido a lo que empezó hace ya más de siete años. Eso sí, con mucho cariño.

L.- ¿Cuál sería el paso más allá de Abubukaka?

A. C.- Sin duda, comprar el Loro Parque. Por lo demás, ver de cuánta energía nos podemos arrogar y convertirnos o no en Godzilla. Para ello ya estamos haciendo prospecciones.

L.- ¿Qué relación le gusta mantener a la compañía con el espectador: distante, erótica, sadomasoquista...?

A. C.- Pues ninguna en concreto, los hay cariñosos, pesados, inquietos, deslenguados,… Que se expresen como les apetezca. Nosotros les damos y ellos reaccionan según marcan los cánones de cada cual. A partir de ahí, a veces tenemos más tiempo que otras ocasiones, pero en general, en ese enjambre de composturas, nos hemos sentido muy adaptados. Total, libertad, libertad, queremos libertad y si no la hay…

L.- ¿Cuánto trabajo hay realmente detrás de cada espectáculo de Abubukaka?

A. C.- La verdad es que más del que no se nota y menos del que aparenta. Pero si se le puede llamar trabajo es porque algo cobramos por 'Abubukakear', porque por lo demás, parece una encomienda de los dioses, los clásicos claro, sobre todo de Dioniso y Perséfone.

L.- ¿Qué es más difícil escribir un nuevo montaje o representar una obra escrita por otra persona?

A. C.- Fácil o difícil pueden ser ambas posibilidades. Aseguramos que podemos hacer un Chespir de mierda y un Abubukaka de lujo, pero, aunque no se ha dado el caso, puede ser a la inversa, o ambas a la vez.

L.- ¿Cómo se pueden entender los textos de Abubukaka, algo como absurdo-chorradas o mensajes absurdo-poéticos?

A. C.- Abubukaka siempre ha rondado lo absurdo, ha rondado el surrealismo, pero sobre todo ha rondado la sátira y la parodia. A partir de ahí, evidentemente hay chorradas salpicadas pero normalmente tienen una intención, un mensaje, subtexto o como lo queramos llamar. ¿Poético? Bueno, hay una poesía del humor. Supongo que algo tendrá. Aunque, insisto, es muy feo que yo hable de esto, es mejor que lo digan los demás, en todo caso.

L.- Desde el sector de las artes escénicas, concretamente el mundo del teatro, siempre se ha hablado de crisis, pero entre la subida de impuestos, el paro, bajada de espectadores, empresarios que no se arriesgan con las programaciones, la debacle económica, etc., ahora es más evidente. Sin embargo, Abubukaka parece que ha dado con la clave para al menos sobrevivir en este panorama.

A. C.- Pues suponemos que lo que es nuestra línea de tratar la actualidad habrá ayudado, pero no creemos que sea lo único. Entre otras cosas se encontrará que Abubukaka quizá no haya dependido en exceso de lo público, siempre nos hemos movido con naturalidad en el sector privado y, aunque la crisis es extensible a todos los ámbitos, al compensar con ambas partes la fórmula ha resultado, pues en estos años de crisis hemos actuado más que nunca. Y por lo demás, seguramente, un sinfín de casualidades que han generado que le sigamos gustando al respetable.

L.- ¿Será que su propuesta encaja bien en absurdidad política, social y económica imperante? ¿O es que lo que es absurdo es no hacer teatro de lo que pasa hoy en día?

A. C.- Sí, aunque en en le fondo se trata de que al público le pueda parecer atractivo nuestro producto o no. Entrar en un análisis tan sociológico... Abubukaka siempre ha rondado mucho la actualidad, entonces, de alguna u otra manera se hace eco de lo que está viviendo la gente. Después, puede ser acertada o no nuestra visión del asunto.

L.- “Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo; como el teatro que no recoge el latido social, el latido, histórico, el drama de sus gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa o con lágrimas, no tiene derecho a llamarse teatro, sino sala de juego o sitio para hacer esa horrible cosa que se llama 'matar el tiempo”. Estas palabras son de García Lorca. ¿Describen la situación del teatro actual? ¿Se sienten identificados con ellas?

A. C.- Como animales sociales que somos, comunicarse es básico para favorecer la convivencia y el arte, a la par que la educación, fortalecen tal mecanismo. Por tal sí, nos sentimos identificados con esas palabras. Si describen o no la situación actual del teatro actual pues no sabríamos decirte, siquiera sabríamos decir qué nos gusta a nosotros mismos, pero suele rondar cierto compromiso con la verdad, la cual dicen que hace libres a los hombres, y para ello asumimos que la libertad siempre es relativa en tanto que la verdad también lo es, pero es ahí cuando más nos gusta, porque ser eternamente libres o, sobre todo, eternamente verdaderos como que agobia un poco ¿no?

L.- Antes se decía que si no sales en la tele no existes. Ahora internet y las redes sociales son los que que dan visibilidad a los artistas. Abubukaka es un buen ejemplo de ello. ¿No temen que con ello cambien los hábitos de consumo y el público deje de acudir a los directos?

A. C.- Todo lo contrario, cada vez que damos con un pelotazo en las redes la gente se agolpa para vernos. Por ahora ha ido así, quizá algún día cambie, pero por ahora...

L.- ¿Cómo se consigue el equilibrio entre subirse al escenario para hablar de lo que está pasando, entretener y ofrecer además un producto cultural de consumo?

A. C.- Que haya equilibrio entre las partes nos parece exagerar, pero lo que nos acerquemos a ello es producto de experimentar. Espectáculo a espectáculo vas sintiendo que de una parte sobra un poco o que a otra falta, y así vas construyendo formatos en los que encuentren mejor acomodo. Lo que pueda haber que no tenga que ver con la experiencia lo traemos de casa cada uno y, por estar acostumbrados, se nos hace difícil advertir su presencia.

 

Si quieres saber más, 'Mimos y tortas', un espectáculo de una hora y veinte minutos de sketches variados, con alguna sorpresa y ninguna garantía por parte de sus intérpretes.

 

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